Renatto Bautista Rojas Doctor en Gestión Pública y Gobernabilidad, Magíster en Gestión de
Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático nombrado en la
Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNFV
Publicado en El Montonero, con fecha 26-10-2026
No soy marxista, para nada,
pero es cierto que en la dictadura militar se acabó con el sistema semifeudal
conocido como las haciendas en la costa norte y sierra del Perú, pero para nada
acabó con las élites porque siempre han existido millonarios; el poder tras
bambalinas. En la época de la dictadura militar (1968-1980), eran los
“altecos”, almorzaban, tomaban té y comían con los militares que ilegalmente tenían
el poder gubernamental.
Lo que deseamos demostrar
en este artículo, para el dolor de quienes admiran a la dictadura militar, es
que pudieron eliminar al semifeudalismo venido de la época virreinal, pero lo
que nunca pudieron eliminar es la existencia de una élite económica que ha
perdurado hasta el día de hoy. Por ejemplo, los dueños de las haciendas,
siguieron siendo ricos tras la dictadura militar, no conocemos casos de ex
hacendados costeños que acabaron en la bancarrota económica, sumado a que aún
existe el clasismo, visto sobre todo en los privilegios de clase que aún se
mantienen en el Perú.
Podemos concluir que las
élites económicas evolucionaron, tras perder el poder de las haciendas,
supieron actuar bajo el capitalismo de Estado, implementado por la dictadura
militar. Ejemplos tenemos en que las élites económicas invirtieron y generaron
riquezas en fabricas locales de ensamblaje, textilería y alimentos protegidos
por el paquidérmico aparato estatal de la dictadura militar. Además, con el
crecimiento explosivo de la población en la costa, las élites supieron invertir
en el sector inmobiliario que sigue creciendo actualmente, sumado a que la
banca siguió perteneciendo a los ricos, jamás el dictador Velasco los tocó ni
con el pétalo de la rosa. Es decir, las
élites se anticiparon a la mal llamada reforma agraria y pudieron mantener su
poder tras bambalina, lo demás es discurso barato y demagógico de quienes viven
en el pasado.
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