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domingo, 28 de junio de 2026

León XIV y la Inteligencia Artificial

 

Renatto Bautista Rojas Doctor en Gestión Pública y Gobernabilidad, Magíster en Gestión de Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático nombrado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNFV


Publicado en El Montonero, con fecha 29-06-2026


Si el Papa León XIII publicó su encíclica “Rerum Novarum” (mayo de 1891) que se centró en la relación del ser humano con la revolución industrial, el actual Papa León XIV al publicar su encíclica “Magnifica Humanitas” (mayo 2026) se centra en la relación del ser humano con la revolución tecnológica, en especifico con la Inteligencia Artificial que está vigente, sobre todo en los jóvenes. Consideramos que hace muy bien, el Papa en escribir un tema tan vigente, pero que a la vez no se debate mucho como las consecuencias de un mal uso de la revolución tecnológica respecto a la sociedad por lo cual me permito hacer tres breves citados de esta Carta encíclica.

En la página 17, el Papa León XIV escribe lo siguiente:

“El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.”

Un progreso basado en una revolución industrial que representó una explotación laboral o el progreso basado en una revolución tecnológica donde hay un rédito económico de poderes facticos jamás será un progreso en base a la justicia social para la sociedad por lo que lo más adecuado siempre es llegar a puentes en común, a una convergencia social, superando cualquier pequeña diferencia que podemos tener como civilización humana.

En la página 73, el Papa León XIV escribe lo siguiente:

“Hoy, entre los bienes que están destinados universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructura tecnológica, datos.”

La revolución tecnológica nos lega algoritmos, datos y plataformas digitales, que representan conocimiento humano, por lo que no debe ser de propiedad exclusiva del sector privado ya que está información implica información personal y/o familiar, sumado a que es una realidad la existencia de imperios tecnológicos que no tienen limite a su poder que supera las fronteras nacionales por lo que la ciencia política y el derecho constitucional deben renovarse para dar una propuesta de solución a esta problemática.

En la página 190, el Papa León XIV escribe lo siguiente:

“No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable.”

En la guerra ruso – ucraniana, que se inició el 24 de febrero del 2022, vemos que los drones, digitados por la Inteligencia artificial, tienen la capacidad de atacar y matar a objetivos precisos del país enemigo lo cual es peligroso porque la Inteligencia artificial, que no tiene conciencia ni libertad ni razón, toma decisiones tan peligrosas que convierte a la guerra en la máxima perversidad humana ya que ahora, no se usan a seres humanos para atacar, sino la revolución tecnológica. Por lo cual, debemos debatir cuales son las líneas rojas de aquel.

Hacemos la invitación fraterna para que todos, muy a parte de su religión, podamos leer y reflexionar sobre la primera Encíclica del Papa León XIV que versa sobre el tema del siglo XXI que es la revolución tecnológica.

lunes, 15 de junio de 2026

Quien habla mal del Hijo, habla mal del Padre; y quien habla mal de la Madre, habla mal del Hijo

 Publicado en El Montonero, con fecha 15-06-2026

Renatto Bautista Rojas Doctor en Gestión Pública y Gobernabilidad, Magíster en Gestión de Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático nombrado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNFV

Martín Bernabé Rivera Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Politólogo por la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque.


Quien habla mal del Hijo, habla mal del Padre es nuestro primer concepto respecto al debate teológico que originó el Concilio de Nicea (20 de mayo del 325 al 25 de julio del 325). La postura blasfema del obispo Arrio (250-336), al negar la naturaleza divina de Cristo, afirmaba que el Hijo está subordinado al Dios Padre, configurando así un credo no trinitario que la Iglesia rechazó con toda firmeza. Las iglesias con sucesión apostólica —aquella continuidad ininterrumpida del ministerio episcopal desde los Apóstoles, transmitida mediante la imposición de manos con la invocación del Espíritu Santo- son defensoras irrenunciables de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, tres personas consustanciales en un solo Dios. Entre ellas se cuentan la Iglesia Católica Romana, las Iglesias Ortodoxas Orientales -como la griega, la rusa, la etíope y la copta de Alejandría-, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Asiria de Oriente, los cristianos de Santo Tomás en la India, y aquellas iglesias luteranas (y reformadas en general) que reivindican y conservan fielmente dicha sucesión.

Todas ellas coinciden en que no puede existir cristiano coherente que reste importancia a la divinidad de Cristo solo por haber asumido naturaleza humana naciendo del cuerpo de María. Quienes niegan esa divinidad o "humanizan" a Cristo con comparaciones maniqueas con cualquier ser humano demuestran que, al hablar mal del Hijo, también hablan mal del Padre. Por eso hizo bien el Concilio de Nicea en desterrar al heterodoxo Arrio, insolente con Dios uno y trino.

Quien habla mal de la Madre, habla mal del Hijo es nuestro segundo concepto, y aquí resulta necesario y justo precisar un hecho histórico que muchos ignoran o distorsionan deliberadamente. Todas las iglesias con sucesión apostólica de línea ortodoxa reconocen a la Virgen María en su encomienda única e irrepetible dentro del plan salvífico de Dios. Tanto la Iglesia Católica occidental como las Iglesias Ortodoxas Orientales reconocen a María como Aeiparthenos, que significa "siempre virgen". La veneran con el título de Theotokos, Madre de Dios; título que es una afirmación cristológica fundamental.

Pues la maternidad de María no se predica de la naturaleza divina de Cristo-que es eterna e incompatible con cualquier origen como creación- sino de su Persona. Y dado que en esa Persona están las dos naturalezas (divina y humana) del Verbo eterno, María es madre de Dios.

Por eso Theotokos es ante todo una afirmación cristológica: No exalta a María, sino que protege la unidad personal de Cristo contra todo intento de dividirlo en dos sujetos distintos, que fue precisamente el error que Nestorio cometió y que el Concilio de Éfeso (431) condenó.

Pero lo que muchos desconocen es que los propios líderes de la Reforma-Lutero, Calvino y Zwinglio- reconocieron y defendieron estos mismos títulos marianos. Zwinglio y Calvino confesaron los atributos de la Madre de Dios como Theotokos y Siempre Virgen. Zwinglio declaraba que María era la "Madre de Dios" y "la más excelsa de las criaturas después de su Hijo". Calvino se pronunció frecuentemente en defensa de la virginidad de María, refutando los argumentos que pretendían que ella hubiera tenido otros hijos tras el nacimiento de Cristo, y afirmó que llamarlo "primogénito" no implica hermanos posteriores. Teodoro de Beza, destacado calvinista de los primeros tiempos, incluyó la virginidad perpetua de María en una lista de acuerdos entre el calvinismo y la Iglesia Católica. La doctrina mariana de los reformadores concuerda con la gran tradición de la Iglesia en lo esencial y con la de los Padres de los primeros siglos, observándose unanimidad en cuanto a la misión especial de María como de su perpetua virginidad.

Por su parte, Martín Lutero adhirió a los decretos marianos de los concilios ecuménicos y a los dogmas de la Iglesia, éstos son: María fue perpetuamente virgen y Theotokos, Madre de Dios.

El estudioso luterano Jaroslav Pelikan fue categórico: Lutero ni siquiera consideró la posibilidad de que María pudiera tener otros hijos además de Jesús, lo cual es consistente con la aceptación durante toda su vida de la idea de la virginidad perpetua de María.

Lutero la nombra "siempre virgen" en los Artículos de Esmalcalda, confesión de fe luterana escrita en 1537.

Esto no es un detalle menor: Significa que quienes, reclamándose herederos de la Reforma, atacan y se burlan de la Virgen María, no siguen a Lutero, a Calvino ni a Zwinglio; los traicionan. Con el transcurso del tiempo, la posición de María fue disminuyendo, pero esa deriva posterior no puede reclamarse como fidelidad al espíritu original de los reformadores; a mediados del siglo XVII, la confesión de fe de los calvinistas seguía afirmando que "Jesús nació de la Virgen María y que permaneció Virgen antes y después del parto".

La razón teológica de fondo es la misma desde todas las tradiciones apostólicas y reformadas de línea ortodoxa: La dignidad de la Madre no se sostiene en sí misma, sino que se deriva directamente de la identidad del Hijo. Afirmar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre-como definió el Concilio de Calcedonia en el 451- implica necesariamente reconocer que quien lo engendró en su naturaleza humana no es una figura prescindible ni reducible a mero instrumento biológico. Dios, en su infinita libertad y soberanía, eligió entrar en la historia a través de una Madre: Ese acto no fue accidental ni menor, fue el modo en que el Verbo se hizo carne. Menospreciar a María es, por tanto, menospreciar la Encarnación misma, que es el centro y fundamento de toda la fe cristiana.

La Virgen María permaneció al pie de la cruz no como espectadora, sino como testigo fiel del cumplimiento de todo lo prometido en el Antiguo Testamento, sabiendo que en ese acto supremo de amor redentor se revelaba plenamente quién era su Hijo. Por eso, atacar a María no es un acto de "pureza bíblica" ni de fidelidad a la Sola Scriptura: Es una incoherencia cristológica de primer orden, que los Padres de la Iglesia, los concilios ecuménicos y los propios iniciadores de la Reforma-Lutero, Calvino y Zwinglio- rechazaron unánimemente, precisamente porque comprendieron que no se puede honrar al Hijo mientras se deshonra la humanidad que Él mismo eligió para entrar al mundo.

A modo de conclusión, la Iglesia Católica, las Iglesias Ortodoxas Orientales, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Asiria de Oriente, la Iglesia Copta, el luteranismo de línea ortodoxa y las iglesias reformadas fieles a sus propios iniciadores coincidimos en que quienes hablan mal del Hijo demuestran una actitud irrespetuosa al Padre, y quienes hablan mal de la Madre demuestran una actitud irrespetuosa al Hijo. Esos cristianos son doctrinalmente incoherentes, ajenos tanto a la Tradición Apostólica como al propio espíritu de la Reforma histórica. La fe en Cristo y el respeto a su Madre no son opcionales: Son la marca del cristiano verdaderamente coherente con su fe.

martes, 4 de enero de 2022

La Biblia Poliglota Complutense y Cristo

 

Renatto Bautista Rojas

Magíster en Gestión de Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático en la Facultad de Derecho y Ciencia Política en la UNFV


Publicado en El Montonero, con fecha 4-01-2022


Aunque ya estamos en la primera semana de enero del 2022, deseo a todos los lectores de El Montonero que hayan pasado una feliz navidad al lado de sus familias y mis mejores deseos para este nuevo año que es el 2022. ¡Qué la prosperidad reine en los hogares peruanos!

Una de las mayores mentiras que se nos afirma -desde que tenemos uso de razón- es que Martín Lutero fue la primera persona en traducir, del latín, la Biblia a otros idiomas.

La gran verdad histórica es que el cardenal español y asesor político de los Reyes Católicos, Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) fue la primera persona en traducir la Biblia a otros idiomas. Esta Biblia se denominó la Biblia Políglota Complutense. Los idiomas escritos en dicho texto son el arameo, el hebreo, el griego y el latín.

La Biblia Políglota Complutense fue terminada en el año 1517, pero el fallecimiento del Cardenal Cisneros retrasó la venta. Recién en el año 1521, el Papa León X aprobó la publicación de la Biblia Políglota Complutense y su venta se inició en el año 1521. Fue vendido a seis ducados y medio de oro.

También deseo hacer breves reflexiones sobre Cristo:

En primer lugar, no puede haber creyente en Cristo que apoye el aborto porque el hilo conductor del cristianismo empieza con la divina concepción y posterior nacimiento de Cristo sumada a la importancia que se le da a María, madre de Cristo que asumió con estoicismo la misión dado por Dios padre. Con esto demuestro que si hay creyentes en Cristo (sean católicos, evangelistas, adventistas, luteranos, etc.) que apoyan el aborto son unas personas con una enorme incoherencia y por consiguiente no entienden el significado de que Dios Padre mandó a su hijo a la tierra como un inofensivo bebé.

Y, en segundo lugar, como todos sabemos Jesucristo es el Hijo de Dios, profetizado en el Antiguo Testamento como el Mesías e Hijo de Dios.

Jesucristo, al iniciar su predicación religiosa, chocó con dos grandes poderes: El primero fue el romano que pensaba que Jesucristo era un líder político que lideraría una rebelión contra el Imperio Romano. El segundo poder era el establishment religioso judío, comandado por los sacerdotes Caifás y Anás.

Estoy convencido que dentro de sus corazones, Caifás y Anás sabían que Jesucristo era el Hijo de Dios, profetizado en el Antiguo Testamento, pero ellos sabían que sí lo reconocían como Hijo de Dios no lo podrían manipular porque Jesucristo es Dios y los mortales no podemos manipular a Dios. ¡Lógico! Además, sí Caifás y Anás lo reconocían a Jesucristo como Dios, ellos, como toda la casta sacerdotal judía, perderían todo su poder sobre la comunidad judía.

Está reflexión es muy personal y no deseo que sea tomado como un insulto a nadie por sus respectivos credos confesionales.  Soy respetuoso de todas las religiones como de las personas que, en base a su libertad, deciden no creer en Dios.

 

martes, 12 de diciembre de 2017

La Biblia Políglota Complutense y Jesucristo

Jesucristo en el Sermón de la Montaña.

Renatto Bautista Rojas
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV).
Publicado en Mundiario con fecha 12-12-2017.

Una de las mayores mentiras que se nos afirma es que Martín Lutero fue la primera persona en traducir, del latín, la Biblia a otros idiomas.
El cardenal español y asesor político de los Reyes Católicos, Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) fue la primera persona en traducir la Biblia a otros idiomas. Esta Biblia se denominó la Biblia Políglota Complutense. Los idiomas escritos en dicho texto son el arameo, el hebreo, el griego y el latín.
La Biblia Políglota Complutense fue terminada en el año 1517, pero el fallecimiento del Cardenal Cisneros retrasó la venta. Recién en el año 1521, el Papa León X aprobó la publicación de la Biblia Políglota Complutense y su venta se inició en el año 1521. Fue vendido a seis ducados y medio de oro.
Estamos muy cerca de la Navidad y me permito hacer una reflexión sobre Jesucristo:
Como todos sabemos Jesucristo es el Hijo de Dios, profetizado en el Antiguo Testamento como el Mesías e Hijo de Dios.
Jesucristo, al iniciar su predicación religiosa, chocó con dos grandes poderes: El primero fue el romano que pensaba que Jesucristo era un líder político que lideraría una rebelión contra el Imperio Romano. El segundo poder era el establishment religioso judío, comandado por los sacerdotes Caifás y Anás.
Estoy convencido que dentro de sus corazones, Caifás y Anás sabían que Jesucristo era el Hijo de Dios, profetizado en el Antiguo Testamento, pero ellos sabían que sí lo reconocían como Hijo de Dios no lo podrían manipular porque Jesucristo es Dios y los mortales no podemos manipular a Dios. ¡Lógico! Además, sí Caifás y Anás lo reconocían a Jesucristo como Dios, ellos, como toda la casta sacerdotal judía, perderían todo su poder sobre la comunidad judía.
Está reflexión es muy personal que no sea tomado como un insulto a nadie por sus respectivos credos confesionales y, como reitero, lo escribo porque estamos muy cerca de la Navidad que es la conmemoración del nacimiento de Jesucristo.

¡Feliz Navidad a todos mis amigos lectores!