lunes, 19 de enero de 2026

CPOL: Consejo Nacional sin dirección ni rumbo

 

Renatto Bautista Rojas

Doctor en Gestión Pública y Gobernabilidad, Magíster en Gestión de Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático nombrado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNFV


Publicado en El Montonero, con fecha 19-01-2026


En julio de 2025, los Licenciados en Ciencia Política y Politólogos (la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo al entregar los diplomas de la Licenciatura en Ciencia Política sale con tal denominación oficial) en del Perú participamos en las elecciones para elegir al Consejo Nacional del Colegio Profesional de Politólogos del Perú (CPOL). Dicho proceso fue supervisado por la ONPE y dio como ganadora a una lista encabezada por un colega de la PUCP. Más allá de legítimas diferencias académicas o universitarias-como la ausencia de representantes titulares de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, que sí fueron incorporados en nuestra propuesta desde Concertación Politológica- todos reconocimos el resultado electoral. Lo hicimos por una razón elemental: Respeto a la institucionalidad de nuestra carrera profesional.

Tras ello, el Comité Electoral Transitorio procedió a juramentar al Consejo Nacional electo mediante una ceremonia virtual, abierta e inclusiva, a la que fueron invitados politólogos de todo el territorio nacional. Desde ese momento, el Consejo en mención quedó plenamente legitimado y legalizado, tanto en términos jurídicos como gremiales; no hay ambigüedad posible al respecto.

Posteriormente, el Consejo Nacional convocó a elecciones para los Consejos Departamentales en las Filiales Departamentales de Apurímac, Arequipa, La Libertad, Lambayeque y Lima, programadas para noviembre de 2025.

En este punto es indispensable ser precisos: El Estatuto del CPOL no establece en ningún artículo que, en aquellas Filiales Departamentales con más de 100 agremiados, las listas deban conformarse bajo un criterio obligatorio de paridad por sexo. El problema fue, precisamente, que el reglamento electoral aprobado por el Comité Electoral cayó en una extralimitación funcional descarada cuando se introdujo dicha exigencia superponiéndose indebidamente al Estatuto, que es la norma de mayor jerarquía dentro de la institución; cualquier estudiante de Derecho o de Ciencia Política sabe que ningún reglamento puede crear obligaciones que el Estatuto no contempla es decir un reglamento no es superior en jerarquía legal a un Estatuto.

Aun así-y este punto es clave- en una verdadera gesta de institucionalidad y respeto por la comunidad politológica, se decidió concurrir al proceso electoral Departamental en Lima, donde postularon dos listas. No hubo boicot, no hubo impugnación oportunista, no hubo sabotaje: Hubo responsabilidad institucional.

 

 

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Por qué el Consejo Nacional no tiene dirección ni rumbo?

La inquietud se profundiza cuando observamos un hecho difícil de justificar: La realización de una segunda juramentación, esta vez presencial, el 8 de diciembre de 2025, Día del Politólogo en el Perú. Cabe formular la pregunta de manera directa y sin rodeos: ¿Por qué una segunda juramentación si ya existía una primera juramentación virtual lícita, pública y de alcance nacional?

¿Acaso el reconocimiento otorgado por los politólogos del país no fue suficiente? ¿Era necesario buscar un nuevo aval, esta vez de personas que no han estudiado Ciencia Política, no cuentan con el título profesional y no forman parte del Colegio, pero que asistieron a dicha ceremonia? La pregunta no es menor, porque interpela directamente el concepto mismo de legitimidad gremial.

Ese mismo día se desarrolló un foro académico nacional, del cual se esperaba una verdadera expresión del carácter nacional y descentralizado del CPOL, tal como lo establece su propio Estatuto. Se esperaba la participación de politólogos egresados de los distintos Departamentos del país, así como de aquellos que estudiaron Ciencia Política, como carrera de pregrado, en el extranjero. Sin embargo, la realidad no fue de esa manera, Además, dos miembros del Consejo Nacional, ambas de universidades públicas, fueron colocadas para cumplir funciones de moderación y palabras de cierre, respectivamente. Para un Colegio Profesional que se define como nacional y descentralizado, el mensaje fue, por decir lo menos, decepcionante.

Conviene entonces recordar lo que señala el propio Estatuto. En su artículo 2, Naturaleza Jurídica, segundo párrafo, se establece con claridad que el CPOL tiene carácter nacional y se estructura de manera descentralizada en Filiales Departamentales. Más aún, el artículo 24, segundo párrafo, precisa que cada Consejo Departamental, por su naturaleza descentralizada, debe registrarse en la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos (SUNARP) y contar con su Registro Único de Contribuyentes (RUC), lo que le permite gestionar sus obligaciones tributarias y formalizar su actividad económica de manera independiente.

Esto no es un detalle administrativo. Significa que los Consejos Departamentales cuentan con un amplio margen de maniobra y que solo dependen del Consejo Nacional en lo estrictamente referido a la colegiatura, precisamente por tratarse de un Colegio Profesional de alcance nacional. Pretender lo contrario no solo es un error: Es una interpretación centralista, estatutariamente insostenible y convenientemente guiada.

 

Y mientras todo esto ocurre, hay un hecho que ya resulta escandaloso por donde se le mire: Han pasado más de seis meses sin que se otorgue un solo número de colegiatura. En cualquier Colegio Profesional del país, esta situación sería inaceptable. Aquí, sin embargo, parece haberse normalizado. ¿Con qué autoridad se habla de institucionalidad cuando se incumple la función más elemental del Colegio?

En este escenario, los Consejos Departamentales han actuado dentro de los márgenes que el propio Estatuto les reconoce, manteniendo una conducta institucional y permaneciendo a la espera de definiciones claras por parte del Consejo Nacional. Lo que se observa, en cambio, es una conducción central que gana tiempo mediante decisiones tardías o ambiguas, generando incertidumbre en las instancias descentralizadas.

La centralidad del problema, sin embargo, no está en las Filiales ni en sus representantes, sino en los agremiados, que continúan esperando respuestas concretas. Los agremiados-que apostaron de buena fe por esta opción- tienen hoy pleno derecho a exigir resultados.

Porque cuando un Consejo Nacional no conduce, no decide y no responde, la incompetencia deja de ser una dificultad interna y se transforma en un problema institucional. Y allí donde no hay conducción general, difícilmente puede haber dirección o rumbo.

A modo de conclusión, podemos manifestar que este Consejo Nacional no está haciendo mucho por la comunidad politológica en el Perú (incluyendo los alumnos de nuestra carrera profesional) lo cual es una inmensa lástima para los agremiados que siempre apoyamos la creación del CPOL a través de artículos y entrevistas televisadas. Indudablemente, hay un Consejo Nacional sin dirección ni rumbo, que debe rectificar por los agremiados.  

 

 

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