lunes, 2 de marzo de 2026

Luis Alberto Sánchez y Manuel González Prada

 

Renatto Bautista Rojas

Doctor en Gestión Pública y Gobernabilidad, Magíster en Gestión de Políticas Públicas, Licenciado en Ciencia Política y catedrático nombrado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNFV


Publicado en El Montonero, con fecha 02-03-2026

 

 “, la vejez y juventud no son frutos de la cronología, sino de la aptitud psicológica y biológica de renovarse y combatir. Cómo él tuvo ambas, murió en olor de juventud a los 74 años.”

 

Luis Alberto Sánchez (1990-1994), libro “Nuestras vidas son los ríos”, página 405, respecto a la vida de Manuel González Prada (1844-1918).

 

“Nuestras vidas son los ríos”, es un libro de autoría del intelectual y político aprista Luis Alberto Sánchez, tres veces rector de la primera Universidad fundada en la América Española, que versa sobre la vida del maestro Manuel González Prada (5 de enero de 1844-22 de julio de 1918), intelectual de fuste y dos veces director de la Biblioteca Nacional, y de su hijo Alfredo González Prada y Verneuil (1891-1942), diplomático y escritor como su padre.

 

Este libro me ha permitido conocer en mayor profundidad la vida y obra de Don Manuel, como le decía Haya de la Torre, desde que trabaron amistad. Consideramos que González Prada fue un hombre frontal y valiente, dos características extrañas en el Perú donde se nos deforma en ser pusilánimes y tibios, por no decir comodines de acuerdo a quien tenga el poder, en el Perú de González Prada hasta hoy, muchos actores políticos defiendes sus intereses personales, no marcan posición como lo hizo el maestro de las juventudes, don Manuel.  

 

¿Por qué González Prada fue un líder crítico y diferente para la época? Como el maestro Sánchez escribió, primero el exilio que sufrieron, cuando era niño, ya que su pádre fue el vicepresidente del derrocado presidente Echenique sumado a su actitud anticlerical que lo demostró siendo joven en el Seminario de Santo Toribio y el Real Convictorio de San Carlos, ya que a él le disgustaba aprender latín más la dolencia que tuvo en una de sus rodillas por la cual si tía paterna le decía “la rodilla hereje”, pero creemos que un hecho personal lo marcó más, la pérdida de sus dos hijos bebés que tuvo con su esposa Adriana, esa tragedia lo convirtió en un renegado sobre Dios, más que ateo, en base al libro del ex senador y ex vicepresidente Sánchez, creo que lo hizo agnóstico porque en la última entrevista que dio, don Manuel dijo: “A veces creo, pero mayormente no creo en Dios.” Sumado a estas variables, hay que añadir que la derrota del Perú ante la Guerra del Pacífico lo determinó a ser crítico como anarquista, a no ser comparsa del poder de turno, fue un intelectual libre de ataduras.  

 

Un capítulo interesante, es el sexto titulado “El amor: Verónica Calvet y Bolívar.”

Sánchez nos transmite que él conoció a entonces señorita y estudiante de la Academia Diplomática, Mercedes Cabada y Cipriani, hija de Teodosio Cabada y González Prada (nació el 16 de abril de 1896), edecán de Leguía en su Oncenio, y casado con Alicia Cipriani Suárez. Volviendo con Teodosio, él fue hijo de Víctor Félix Teodosio Cabada Revoredo y Mercedes González Prada y Calvet (nació el 20 de agosto de 1877 en Lima), esta señora Mercedes fue hija de Verónica Calvet y Bolívar, y don Manuel es decir antes que el fundador del anarquismo peruano se casará con Adriana, tuvo un amorío con una señorita de familia aristocrática, Verónica, al parecer fue el primer amor en la vida del combativo González Prada, pero el maestro Sánchez deja la pregunta abierta respecto a que razones hicieron que don Manuel no se casará con la señorita Verónica Calves y Bolívar, especula teorías, pero la verdad se la llevaron los dos en la tumba, a veces hay amores incomprendidos, pero dejemos este amor para pasar a la parte política que es admirable hasta el día de hoy sabiendo que su único heredero político fue Víctor Raúl Haya de la Torre por eso se puede afirmar que el aprismo tiene una herencia política del anarquismo, es válido recordar a todos los peruanos que don Manuel y el joven Víctor Raúl se conocieron cuando el primera era director de la Biblioteca Nacional y el segundo recién ingresaba a estudiar derecho en San Marcos, este acontecimiento fue en el año1917, Haya de la Torre mantuvo amistad con don Manuel hasta el día de su muerte por lo que el heredero de la Biblioteca de los González Prada fue el joven Víctor Raúl, la viuda como el hijo Alfredo siempre mantuvieron amistad y contacto tanto con Haya de la Torre como con Luis Alberto Sánchez, que fue el editor de los libros de González Prada, padre e hijo, después del lamentable suicidio de Alfredo en el año 1942 en Nueva York, fatal decisión tomada porque le detectaron un tumor en el cerebro que le podía llevar a la locura, como escribió Sánchez, pero volvamos al siglo XIX, con el famoso discurso del Teatro de Politeama del 29 de julio de 1888, escrito por don Manuel y leído por el joven Gabriel Urbina. Es válido resaltar que este discurso fue leído en presencia del entonces presidente peruano, Andrés Cáceres, su esposa y los ministros de aquel gobierno. Si me preguntan a mi cual fragmento es el más poderoso, responderé que es el siguiente:

“Los que pisan el umbral de la vida se juntan hoy para dar una lección a los que se acercan a las puertas del sepulcro.”

Como Sánchez, lo demostró en su libro “Nuestras vidas son los ríos”, y Haya de la Torre en sus diversos escritos, González Prada siempre se refería a los jóvenes de espíritu es decir a los que siempre combaten el mal mientras que los viejos son los que ven el mal y no hacen nada, los que guardan silencio cómplice, los que se acomodan por un puesto con el poder de turno.

También es válido citar el famoso discurso en el Teatro Olimpo (hoy Teatro Municipal en el jirón Ica del Cercado de Lima) de fecha 30 de octubre de 1888 donde el propio don Manuel leyó su discurso en conmemoración del aniversario de fundación del denominado Circulo Literario. Indudablemente consideramos que dos frases han sido inmortalizadas en la historia, la primera fue:

“Rompamos el pacto infame de hablar a media voz.” Y el segundo es: “Los jóvenes a la obra, los viejos a la tumba.”

La primera frase sigue vigente en nuestro país donde se deforma a los niños, adolescentes y jóvenes en ser cobardes y tibios, a no luchar contra el mal, a guardar silencio cómplice ante la perversidad que se viste de mil trajes. Esta frase representa la frontalidad que siempre tuvo don Manuel por eso fue admirado y respetado por los jóvenes universitarios de distintas épocas, siendo su mejor discípulo, el entonces joven Haya de la Torre. Mientras que la segunda frase representa un castigo fuerte a los viejos de espíritu, muy relacionado con la primera frase citada en este párrafo por eso don Manuel siempre fue joven de espíritu porque toda su vida luchó contra los excesos del claro católico, del Militarismo, de su archi enemigo Nicolás de Piérola y del civilismo, lo curioso es que un civilista díscolo como Augusto Leguía en su primera administración lo nombró Director de la Biblioteca Nacional, todo para mantener el enfrentamiento entre Ricardo Palma y don Manuel, tras el cese del régimen militar de Benavides, el civilista José Pardo y Barreda en su segunda administración lo restituyó en dicho cargo que ejerció hasta el último día de su vida,  el aciago 22 de julio de 1918.

Quisiera escribir más porque don Manuel se lo merece, pero los invito a leer el libro “Nuestras vidas son los ríos” de autoría del tres veces rector sanmarquino, Luis Alberto Sánchez, pero solo concluiré que el heredero político de don Manuel fue el joven Víctor Raúl Haya de la Torre que en creces lo superó por eso afirmó que los dos personajes políticos más influyentes en el líder fundador del aprismo fue don Manuel y el intelectual mexicano José Vasconcelos.